Amuleto ritualizado con la fuerza solar de Khepri, el Escarabajo Divino que impulsa el sol hacia el horizonte y renueva el ciclo de la vida eterna.
En la mitología egipcia, Khepri es una de las formas del dios solar Ra, asociado al amanecer y a la fuerza incontenible del renacimiento. Los sacerdotes del Antiguo Egipto observaban cómo el escarabajo pelotero rodaba incansablemente una esfera, y en aquel movimiento vieron reflejado el empuje del sol desde la oscuridad de la noche hacia la claridad del día. Ese gesto se convirtió en el símbolo más poderoso de transformación, creación y vida eterna.
El nombre Khepri significa “El que deviene” o “El que surge”, un título que encierra la clave de la magia egipcia: todo lo que existe está en constante proceso de cambio, y quien invoca a Khepri invoca la fuerza que rompe la inercia y pone en marcha un nuevo destino.
En los templos solares de Heliópolis, Khepri era invocado al alba para garantizar la continuidad del cosmos. Se le consideraba el dios que no descansaba jamás, el que empujaba el sol con sus propias fuerzas desde el inframundo hacia el horizonte, garantizando así el ciclo de la resurrección. En su culto se fusionaban la biología, la astronomía y la magia: el escarabajo, que hacía surgir nueva vida de la materia en descomposición, era visto como el portador del misterio de la creación.
Este artefacto no es un simple objeto, sino un programa esotérico vivo. Cada amuleto ha sido trabajado con sellos solares, gemas ritualizadas y el egregor de la regeneración. Lleva incrustados símbolos que conectan con la fuerza de Khepri, despertando en el portador un ciclo continuo de renovación y ascensión. Su poder se activa con el contacto directo con tu energía, creando una alianza entre la entidad y tu ser interior.
El amuleto debe ser llevado cerca del corazón o en contacto directo con la piel para que absorba tu vibración. La primera noche, se recomienda dejarlo bajo la luz de la luna y al amanecer sostenerlo entre tus manos mientras pronuncias en voz baja: “Khepri, fuerza del renacer, empuja mi sol hacia el horizonte”. Este acto despierta el sello interno y sella el pacto con la entidad.
Muy pocas unidades disponibles. Cada amuleto está ritualizado individualmente. Su verdadero valor reside en el programa sagrado que alberga.