Te voy a contar algo que aprendí observando a mujeres mayores.
No eran delicadas. No tenían veinte productos. Pero su piel brillaba.
Cada semana, sin falta, usaban sal gruesa y romero. Decían que la sal limpia lo visible, y el romero despierta lo que estaba dormido.
No hablaban de exfoliar. Hablaban de soltar.
Lo que no sueltas, pesa.
Después de trabajar rostro cinco días seguidos, hoy vamos al cuerpo.
Si la piel corporal está apagada, la presencia se debilita. Y la belleza es presencia.
Todo fácil de...
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