Después de más de dos semanas prestando atención a tu piel, el rostro empieza a entrar en una fase diferente. Al principio todo gira en torno a limpiar, renovar o activar. Pero cuando los cuidados se repiten durante días, algo más profundo empieza a aparecer. La piel se vuelve más receptiva. La expresión se suaviza. Y el rostro empieza a transmitir una presencia más tranquila.
Hace tiempo una mujer empezó a dedicar unos minutos cada mañana a cuidar su rostro con gestos muy simples.
No utilizaba productos nuevos cada día ni hacía nada especialmente complicado. Solo repetía los mismos movimientos con calma.
Después de varios días dijo algo curioso: sentía que su cara estaba más tranquila. No era un cambio espectacular, pero la expresión había cambiado. El rostro parecía descansar mejor sobre sí mismo.
Hoy vas a repetir dos preparados que ya conoces. • el agua floral del Día 13 • el aceite del magnetismo del Día 11 La repetición es parte del proceso. Cuando la piel reconoce...
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